Y de pronto llegó, cruzó el umbral de la puerta, pero cuando la vi, no la reconocí, en ese momento cambio, se esfumo y ya no era quien pensé. Espere, tal vez era el alcohol o el humo del cigarrillo que fumaba en ese momento, pero por más que lo intenté, por más que lo deseé, fue en vano; ya no era ella, ella con la que viví toda la vida, ella la que dejé de ver por cinco minutos, ella, ella, ella, en ese momento ella se había convertido en una desconocida.
Me levanté, dejé un billete de doscientos pesos, el cual cubría la cuenta y dejaba una excelente propina para el que amablemente dio sus servicios, fui hasta la puerta y sin voltear atrás, dejé mi pasado, mi infancia y a ella, la que creí era la mujer ideal, la que sin pensarlo se marchó, aún estando en el mismo salón, la que dejó que el amor y la felicidad se desvanecieran como la espuma del mar. La que siempre fue pero dejó de serlo y ya nunca será.
Escrito por Juan Jo Rubio
Es curioso como escribí esto hace unos años, solo vino a mi cabeza, no lo busqué ni lo pensé, ni siquiera lo edité, así a la primera lo escribí, y no supe por qué, pero me sentía que había estado en este lugar, que lo había habitado, aunque no era así, solo salieron las palabras y se plasmaron, sin más, tal vez lo soñé...
Al leerlo ahora, sin querer tiene más sentido que nunca, es mas cercano y en verdad lo he habitado, ahora sí puedo decir que lo viví en carne propia, quién sabe, tal vez era una premonición, tal vez logré ver al futuro y pude plasmarlo sin saberlo, o tal vez era algo inevitable que se veía venir y no lo pude ver a tiempo, pero lo pude escribir, o era parte de un ciclo y en algún tiempo lo volveré a leer y escribir como si fuera la primera o la última vez, o tal vez, solo tal vez es que yo mismo escribí el destino fatal, que me llevó a estos últimos cinco minutos con ella...

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