Escritores, hay que contagiar la rabia.
Ni sus tanques, ni sus aviones ni sus armas largas y cortas.
Ni su ejercito, ni sus medios comprados, ni sus granaderos, ni sus policías podrán callar este rugir que grita no más.
No más desaparecidos.
No más muertos.
No más terrorismo de estado.
Porque vivos se los llevaron y vivos los queremos.
Porque no se los llevaron simplemente por ser normalistas, se los llevaron por ser campesinos, por querer superarse y enseñarles a los de sus pueblos cómo hacerlo, cómo no quedarse inertes sin hacer nada.
Se los llevaron por ser campesinos, normalistas y por ser socialistas, por pertenecer al FECSM, la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México.
Se los llevaron porque a los señores del trono no les es conveniente que un grupo de campesinos, normalistas y socialistas vengan a cambiarle la mentalidad y la ideología a la gente del pueblo, del país, esa gente que no se entera y si se entera sólo dice "A mi no me pasa" o "No los conozco" o "Me da igual".
Ya no nos puede ni debe dar igual, tenemos que despertar, tenemos que levantarnos y marchar, primero con la voz en alto, después con la transgresión y así hasta las últimas consecuencias.
Ya basta de silencio, de miedo, de quedarnos quietos.
Accionemos.
Las palabras son el comienzo.
La unión y la organización de todos es lo que sigue.
No basta estar inconforme, hay que organizarse y luchar.
Palabras.
Palos.
Machetes.
Balas.
Granadas.
Lo que sea necesario para detener esta ola de sangre y espacios vacíos en las mesas.
En las camas.
En los campos.
En los salones de clases.
En nuestros pueblos.
En nuestras ciudades.
No basta estar inconforme, organízate y lucha.
Y queremos justicia.
Queremos un país donde vivir no sea una prueba de supervivencia.
Queremos justicia.
Queremos que paguen los culpables, no sólo de los 43 normalistas de Ayotzinapa, sino de los cientos de miles desaparecidos por la guerra anti narco.
De los feminicidios de Juarez y el Edo. de México.
De todo el país.
Son los cientos de estudiantes considerados delincuentes por alzar la voz.
Que paguen los culpables porque mientras no sea así, ni olvido ni perdón.
Ni olvido ni perdón para los responsables de:
Ayotzinapa.
Tlatelolco.
Acteal.
Aguas Blancas.
Los niños de la guardería ABC.
Los inmigrantes asesinados en Tamaulipas en 2010 y 2011.
La matanza del casino Royal.
Las muertas de Juarez.
Los feminicidios que el Edo. Mex. no quiere aceptar.
Porque no son estadísticas, fueron y son seres humanos, hermanos, hijos, parejas, esperanzas, sueños, incertidumbres, semillas.
Porque no es que los 43 sean más importantes que los 500,000 que hay detrás, pero son los 43 que ya no caben en ningún pecho, son los últimos 43 que la suma nos permite, uno más y el resultado sería debastador, porque a partir de ahora, cualquier injusticia por pequeña que sea debería de ser imperdonable.
El 26 de septiembre llovió en gran parte del país, incluso Tlaloc nos avisaba de lo que sucedería y no lo quisimos ver, no lo quisimos escuchar, esa lluvia pudo borrar sus huellas en el suelo, pero no borrará las huellas que dejaron en la gente, esas huellas se siguen multiplicando, y si digo Todos somos Ayotzinapa es porque todos somos humanos, todos somos mexicanos, todos somos víctimas de este gobierno de mierda y este sistema fallido.
Es tiempo de que la rabia se propague como el oxigeno, pero no sólo en las palabras. Organicemonos y accionemos.
No basta estar inconforme, hay que organizarse y luchar.
Juan Jo Rubio.
27 de Octubre de 2014.
#HayQueContagiarLaRabia.
domingo, 26 de octubre de 2014
jueves, 23 de octubre de 2014
Hay que contagiar la rabia.
Escritores, hay que contagiar la rabia.
Duele lo de adentro, duelen las entrañas.
Quema el corazón, los pulmones, los intestinos, el epicentro el centro del pecho.
Puto coraje mezclado de rabia.
Rabia en los puños, en el llanto contenido, en los rostros, en las lagrimas, en la muerte impregnada.
Las entrañas de 43 están extraviadas, perdidas.
Más los cientos de miles no escuchados, no sabidos.
43 son los suspiros que no se escuchan, no se sabe si están dormidos.
43 por 43 a la cuadragésima tercera potencia es lo que se necesita para que retumben los suelos.
Los palacios, lo grandes edificios, las grandes cámaras donde se protegen cederán y entonces si... Entonces si nos veremos a la cara.
Ahora sí podrán verle la cara de frente a la muerte y a aquellos que la muerte deja, desconcertados, enfurecidos, rabiosos, quemándoseles las entrañas.
Porque mientras más alto estén, más dura será la caída.
Creyeron que ocultándolos y desapareciéndolos, sus voces callarían, hoy les digo que no, que se equivocaron, sus voces no se fueron, se multiplicaron, se hicieron semilla que crece en las entrañas de los que seguimos alzando la voz.
Se dan cuenta, ya les están zumbando los oídos, ya sienten como se calientan las entrañas. Lo siguiente son sus piernas, comenzarán a temblarles, después los ojos comenzarán a dispararse, parpadeos involuntarios, arranques de rabia, miedo, sentirán el miedo, multiplicado por 43, hasta que no sepan qué hacer.
Tiemblen, suden, lloren, porque ya no habrá vuelta atrás.
Porque cuando retumbe el suelo y se abra desde las entrañas, no tendrán escapatoria.
El monstruo está despertando, ese monstruo al que le temen y por eso han querido mantener dormido.
Porque ¿qué es el estar dormido sino una muerte momentánea?
Pero ya no más.
Porque para detener la rabia que corroe, los puños que se aprietan, los pasos que hacía adelante, las voces que se alzan a los cielos, no hay suficientes fosas, porque las que hay ya vomitan a los muertos, a los que se les llora, se les extraña y se les añora.
Sus canciones de cuna ya no causan efecto, la rabia nos ha ensordecido y por eso hemos despertado, la mente se ha aclarado, el miedo se ha calmado, tal vez sigamos temblando, pero ya no lograrán que nos hinquemos, que nos retiremos.
Duelen las entrañas y la única manera de detener ese dolor es con vida.
No más muertos, nos más desaparecidos, no más presos políticos.
El miedo se acaba, la vida también, pero la vida con miedo se acaba más rápido.
¿Y después?
¿Después qué queda?
Vivos se los llevaron, vivos los queremos.
Basta del terrorismo de estado.
Arden las entrañas y seguirán ardiendo.
El silencio y el olvido ya no son opción.
#HayQueContagiarLaRabia.
Duele lo de adentro, duelen las entrañas.
Quema el corazón, los pulmones, los intestinos, el epicentro el centro del pecho.
Puto coraje mezclado de rabia.
Rabia en los puños, en el llanto contenido, en los rostros, en las lagrimas, en la muerte impregnada.
Las entrañas de 43 están extraviadas, perdidas.
Más los cientos de miles no escuchados, no sabidos.
43 son los suspiros que no se escuchan, no se sabe si están dormidos.
43 por 43 a la cuadragésima tercera potencia es lo que se necesita para que retumben los suelos.
Los palacios, lo grandes edificios, las grandes cámaras donde se protegen cederán y entonces si... Entonces si nos veremos a la cara.
Ahora sí podrán verle la cara de frente a la muerte y a aquellos que la muerte deja, desconcertados, enfurecidos, rabiosos, quemándoseles las entrañas.
Porque mientras más alto estén, más dura será la caída.
Creyeron que ocultándolos y desapareciéndolos, sus voces callarían, hoy les digo que no, que se equivocaron, sus voces no se fueron, se multiplicaron, se hicieron semilla que crece en las entrañas de los que seguimos alzando la voz.
Se dan cuenta, ya les están zumbando los oídos, ya sienten como se calientan las entrañas. Lo siguiente son sus piernas, comenzarán a temblarles, después los ojos comenzarán a dispararse, parpadeos involuntarios, arranques de rabia, miedo, sentirán el miedo, multiplicado por 43, hasta que no sepan qué hacer.
Tiemblen, suden, lloren, porque ya no habrá vuelta atrás.
Porque cuando retumbe el suelo y se abra desde las entrañas, no tendrán escapatoria.
El monstruo está despertando, ese monstruo al que le temen y por eso han querido mantener dormido.
Porque ¿qué es el estar dormido sino una muerte momentánea?
Pero ya no más.
Porque para detener la rabia que corroe, los puños que se aprietan, los pasos que hacía adelante, las voces que se alzan a los cielos, no hay suficientes fosas, porque las que hay ya vomitan a los muertos, a los que se les llora, se les extraña y se les añora.
Sus canciones de cuna ya no causan efecto, la rabia nos ha ensordecido y por eso hemos despertado, la mente se ha aclarado, el miedo se ha calmado, tal vez sigamos temblando, pero ya no lograrán que nos hinquemos, que nos retiremos.
Duelen las entrañas y la única manera de detener ese dolor es con vida.
No más muertos, nos más desaparecidos, no más presos políticos.
El miedo se acaba, la vida también, pero la vida con miedo se acaba más rápido.
¿Y después?
¿Después qué queda?
Vivos se los llevaron, vivos los queremos.
Basta del terrorismo de estado.
Arden las entrañas y seguirán ardiendo.
El silencio y el olvido ya no son opción.
#HayQueContagiarLaRabia.
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