jueves, 23 de octubre de 2014

Hay que contagiar la rabia.

Escritores, hay que contagiar la rabia.

Duele lo de adentro, duelen las entrañas.

Quema el corazón, los pulmones, los intestinos, el epicentro el centro del pecho.

Puto coraje mezclado de rabia.

Rabia en los puños, en el llanto contenido, en los rostros, en las lagrimas, en la muerte impregnada.

Las entrañas de 43 están extraviadas, perdidas.

Más los cientos de miles no escuchados, no sabidos.

43 son los suspiros que no se escuchan, no se sabe si están dormidos.

43 por 43 a la cuadragésima tercera potencia es lo que se necesita para que retumben los suelos.

Los palacios, lo grandes edificios, las grandes cámaras donde se protegen cederán y entonces si... Entonces si nos veremos a la cara.

Ahora sí podrán verle la cara de frente a la muerte y a aquellos que la muerte deja, desconcertados, enfurecidos, rabiosos, quemándoseles las entrañas.

Porque mientras más alto estén, más dura será la caída.

Creyeron que ocultándolos y desapareciéndolos, sus voces callarían, hoy les digo que no, que se equivocaron, sus voces no se fueron, se multiplicaron, se hicieron semilla que crece en las entrañas de los que seguimos alzando la voz.

Se dan cuenta, ya les están zumbando los oídos, ya sienten como se calientan las entrañas. Lo siguiente son sus piernas, comenzarán a temblarles, después los ojos comenzarán a dispararse, parpadeos involuntarios, arranques de rabia, miedo, sentirán el miedo, multiplicado por 43, hasta que no sepan qué hacer.

Tiemblen, suden, lloren, porque ya no habrá vuelta atrás.

Porque cuando retumbe el suelo y se abra desde las entrañas, no tendrán escapatoria.

El monstruo está despertando, ese monstruo al que le temen y por eso han querido mantener dormido.

Porque ¿qué es el estar dormido sino una muerte momentánea?

Pero ya no más.

Porque para detener la rabia que corroe, los puños que se aprietan, los pasos que hacía adelante, las voces que se alzan a los cielos, no hay suficientes fosas, porque las que hay ya vomitan a los muertos, a los que se les llora, se les extraña y se les añora.

Sus canciones de cuna ya no causan efecto, la rabia nos ha ensordecido y por eso hemos despertado, la mente se ha aclarado, el miedo se ha calmado, tal vez sigamos temblando, pero ya no lograrán que nos hinquemos, que nos retiremos.

Duelen las entrañas y la única manera de detener ese dolor es con vida.

No más muertos, nos más desaparecidos, no más presos políticos.

El miedo se acaba, la vida también, pero la vida con miedo se acaba más rápido.

¿Y después?

¿Después qué queda?

Vivos se los llevaron, vivos los queremos.
Basta del terrorismo de estado.
Arden las entrañas y seguirán ardiendo.
El silencio y el olvido ya no son opción.



#HayQueContagiarLaRabia.




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