Entre el silencio y la palabra, se encontraba un alma sofocada, encontró la bocanada de aire que necesitaba, cuando dijo la palabra, solo pudo decir la palabra... Esa palabra...
Esa palabra que no volvió a salir por la boca cerrada, encerraba un misticismo, un romanticismo y el fatalismo de que no se abriria nuevamente a esa aventura encantadora, aunque el mundo de las hadas lo embriagara... Estaba condenado a vivir en el todo y la nada, a soportar unas cuantas eternidades, esta es por la que ahora pasa, esta es la forzada eternidad...
En la eternidad quedo flotando el silencio... El silencio, que lo único que recordaba era la palabra transformada en silencio... Que en ese momento su alma sofocaba, sofocaba el silencio... Sofocaba el no poder pronunciar la palabra, lo que buscaba era no sentir el silencio en su alma, su alma se silenció... Hasta desaparecer en una mezcla de esporas y brisa del mar por la mañana... Y lo que flotaba era esa grandiosa palabra...
Escrito por:
Juan Jo Rubio.
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