Amaba las manzanas, podía comer manzanas todo el día sin importar la hora, el clima o el animo que tuviera, si se enojaba, se comía una manzana para tranquilizarse, si estaba feliz comía una manzana para aumentar la euforia, si se sentía triste una manzana era el consuelo para sus males...
Todo cambio de repente cuando una manzana, esa estúpida manzana lo traiciono, se mostró bella y brillante, grande, textura perfecta, color rojo escarlata con tintes esmeralda, era la manzana mas hermosa que había visto, ni siquiera había caído del árbol, hizo todo un plan para comérsela, ideo desde su pensamiento las diferentes formas en que podría disfrutar de ese manjar, combinándola con todo tipo de ingredientes y acompañamientos, como platillo principal, entrada o postre, dulce, salada o enchilada, sea como sea, sabía que esa era la mejor manzana, o al menos eso parecía... Cuando llego a ella, utilizo unas tijeras especiales de jardinería para cortarla, podía tirar de ella, pero quería cuidar hasta el mínimo detalle, consentirla, cuidarla... La corto, la tomo con las dos manos, la llevo a la cocina, la lavo con mucho cuidado y amor, con un poco de jabón, lo suficiente para quitar el polvo y sustancias que le pudieron haber caído durante su gestación, pero no lo suficiente como para filtrarse dentro de la piel y arruinar el sabor, la seco con una toalla nueva y la coloco en una bandeja, la observo por unos cuantos minutos, la tomo, y después de repasar por treintava vez como comerla, no pudo soportarlo, la tomo con una mano y le dio la mordida más grande que jamas dio y no solo una, fueron dos, tres, hasta que se lleno la boca por completo de la carnosa pero seca fruta.
Jamas había probado algo así, no pudo soportarlo y tuvo que escupir todo el contenido fuera, era tan contradictorio como una bella fruta podía tener ese sabor tan seco y desagradable, trato quitárselo de todas las maneras posibles, con agua, con leche, con sal, con azúcar, incluso hizo gárgaras con vinagre, nada pudo quitarle ese amargo sabor. Y no solo se refiere al sabor que quedo en la boca, sino al sabor de la decepción, después de eso jamás pudo ver a las manzanas como las veía antes, lo que era su pasión, su gran amor, le dio una cachetada, una puñalada por la espalda.
Otro sabor que nunca pudo sacarse de la lengua ni del pensamiento fue la traición, él creyó y confió en ella, la quiso, la cuido, la amo y ella sin más, se mostró como algo que no era, ejemplificó la perfección en una fruta, en ese momento pensó en Adán y Eva, en el paraíso y la fruta prohibida, así se sentía, traicionado por esa hermosura frutal.
Así continuo sus días, andando, caminando, volteando, girando, todo el tiempo con una inmensa tristeza, con un sentimiento de que en cada vuelta de la esquina se encontrará con otra decepción, con otra traición, con otra manzana que le arranque el corazón.
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